『Devocionales Bíblicos Jesus Is Life』のカバーアート

Devocionales Bíblicos Jesus Is Life

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著者: Jesus Is Life
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概要

Breve estudio de la Biblia, capítulo a capítulo a través de los devocionales diarios.Jesus Is Life キリスト教 スピリチュアリティ 聖職・福音主義
エピソード
  • 1 Pedro 3. EL CAMINO HACIA UNA VIDA PLENA
    2026/04/09

    EL CAMINO HACIA UNA VIDA PLENA
    1 Pedro 3:11 Pues las Escrituras dicen: «Si quieres disfrutar de la vida y ver muchos días felices, refrena tu lengua de hablar el mal y tus labios de decir mentiras. 11 Apártate del mal y haz el bien. Busca la paz y esfuérzate por mantenerla. 12 Los ojos del Señor están sobre los que hacen lo bueno, y sus oídos están abiertos a sus oraciones. Pero el Señor aparta su rostro de los que hacen lo malo.

    El anhelo de las personas es llevar una vida tranquila, alegre y con una abundancia de bendiciones. Sin embargo, en esta carrera por acumular y poseer, rara vez se detienen a reflexionar sobre una verdad fundamental: la auténtica felicidad no reside en las posesiones materiales, sino en la manera en que se vive la vida ante la mirada divina. El apóstol Pedro desvela un sendero inquebrantable que conduce a la paz interior y a una vida cimentada en la estabilidad, un camino forjado en la obediencia, la integridad y un deseo sincero de obrar el bien. Además, desvela principios profundamente transformadores, capaces de impactar cada faceta de la vida cotidiana de los creyentes. Dios, asumiendo su rol de Padre amoroso y omnisciente, extiende su Palabra para ofrecer una guía invaluable, hacia un bienestar integral: espiritual, emocional y relacional. Esta guía consciente en alinear la voluntad del creyente con la de su Señor. Al dar este paso de fe, descubre una paz que trasciende cualquier entendimiento mundano, una serenidad que el efímero mundo jamás podrá ofrecer.

    La Palabra de Dios resalta con vehemencia el inconmensurable poder inherente a las palabras. La lengua, esa pequeña pero poderosa herramienta, posee la dualidad de construir puentes de entendimiento o de derribar fortalezas, de sanar heridas o de infligir dolor. Con frecuencia, no se dimensiona el daño devastador que puede causar una mentira sutil, una crítica mordaz o una palabra proferida en el fragor de la ira. Dios, en su infinita sabiduría, invita a refrenar la lengua de la maledicencia, pues las palabras son un espejo fiel del estado del corazón. Un corazón que late al ritmo de la voluntad divina produce un torrente de palabras que edifican, que infunden ánimo y que, en última instancia, insuflan vida.

    Para tener una vida plena, el creyente debe apartarse del mal y abrazar el bien. Esta no es una mera sugerencia, sino una decisión intencional, un compromiso consciente. No basta con la pasividad de evitar lo incorrecto; también tiene que esforzarse constante por practicar aquello que agrada a Dios. Cada acto de bondad, por pequeño que parezca, cada gesto de amor desinteresado y cada decisión que se alinea con la rectitud, son como semillas preciosas que, sembradas con fe, germinan y dan como frutos una cosecha abundante de paz. Asimismo, debe buscar la paz y persistir en su mantenimiento. La paz, sin embargo, no es una posesión que se obtiene sin esfuerzo; es una conquista que demanda humildad para reconocer los propios límites, paciencia para soportar las adversidades y una inquebrantable disposición para perdonar. En la complejidad de la interacción humana, a menudo se estará ante la encrucijada de elegir entre tener la razón en un argumento o preservar la armonía. Dios, en su designio perfecto, llama a sus siervos a ser catalizadores de reconciliación y a tejer lazos de armonía en el seno de las familias, en los ambientes laborales y en la vasta comunidad.

    El Señor se agrada con los que llevan una vida conforme a su voluntad. Sus oídos están inclinados para escuchar sus oraciones y dar pronta respuesta. Dios no solo reconoce el esfuerzo sincero por vivir de manera justa del creyente, sino que también atiende cada súplica elevada con fe. Él no es un observador distante e indiferente de la vida de sus hijos; por el contrario, su presencia es constante, acompañando y bendiciendo a aquellos que eligen caminar conforme a su voluntad. No obstante, el Señor aparta su rostro de aquellos que persisten en la maldad.

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    7 分
  • Reflejar a Cristo
    2026/03/11

    1 PEDRO 2.
    REFLEJAR A CRISTO
    19 … Dios se complace en ustedes cuando hacen lo que saben que es correcto y sufren con paciencia cuando reciben un trato injusto. 20 Es obvio que no hay mérito en ser paciente si a uno lo golpean por haber actuado mal. Pero, si sufren por hacer el bien y lo soportan con paciencia, Dios se agrada de ustedes. 21 Pues Dios los llamó a hacer lo bueno, aunque eso signifique que tengan que sufrir, tal como Cristo sufrió* por ustedes. Él es su ejemplo, y deben seguir sus pasos. 22 Él nunca pecó y jamás engañó a nadie. 23 No respondía cuando lo insultaban ni amenazaba con vengarse cuando sufría. Dejaba su causa en manos de Dios, quien siempre juzga con justicia.
    La persona que ha entregado su vida Jesucristo, no están libres de padecer sufrimientos propios de este mundo perverso y pecador. Algunos sufrimientos son el resultado directo del pecado que el creyente sigue cometiendo pese a su conversión a Cristo; otros tienen lugar por su necedad y otros son el resultado de vivir en un mundo caído dominado por satanás y sus aliados. En este pasaje: el apóstol Pedro se refiere a un sufrimiento que viene como resultado de la fe en Jesucristo y por hacer el bien. En el comienzo de la iglesia primitiva, los creyentes eran odiados por los inconversos, por eso, constantemente buscaban la manera de ofenderlos y lastimarlos con insultos, calumnias, maltratos físicos y psicológicos, pese al buen comportamiento que mostraban delante de ellos. A los inconversos no les importaba para nada las buenas acciones que realizaban los creyentes, al igual que no les importo los milagros realizados por Jesucristo en favor del pueblo. Al no importarles las buenas acciones de Jesucristo, tomaron la decisión de colgarle en el madero. Jesucristo nunca pecó, pero sufrió por sus buenas acciones en favor de toda la humanidad.
    El verdadero carácter de un redimido por la preciosa sangre de Jesucristo, se forja no en la comodidad, sino en el sufrimiento injusto. No se trata de que el creyente aguante castigos merecidos por sus propios errores, eso en realidad no impresiona a nadie. El mérito está cuando el creyente soportar con paciencia maltratos injustificados por parte de los hombres perversos y pecadores, pese a su buen comportamiento y sus buenas acciones. Dios se complace en esa respuesta que manifiestan sus hijos, porque refleja el corazón de su amado Hijo Cristo Jesús. Pues el eterno Creador los llamó de las tinieblas del pecado, a dejar atrás todo lo malo, para que empiecen a hacer el bien, aunque eso signifique que tengan que sufrir, tal como Su amado Hijo Jesucristo sufrió en la cruz del calvario, para darles la libertad de toda condenación en el final de los tiempos.
    Jesucristo es un claro ejemplo de comportamiento de un verdadero hijo de Dios, por eso, toda persona que entrega su vida a Él, tiene que imitarlo en todo y seguir sus pasos hasta que Dios los llame a su presencia. El unigénito Hijo de Dios nunca pecó y jamás engañó a nadie. No respondió con insultos cuando lo insultaban, ni amenazó con vengarse cuando agonizaba en el madero, en su lugar, suplico a su Padre eterno que no tomara en cuenta la maldad que estaban cometiendo en su contra. Jesucristo cuando estuvo en este mundo, nunca devolvió mal por mal, siempre dejo todas sus causas en manos de su amado Padre celestial, quien siempre juzga con justicia. Al igual que Jesucristo, el creyente tiene que soportar con paciencia los maltratos injustificados de los hombres perversos, dejando toda su causa en las manos de Dios Padre, teniendo la certeza que Él los juzgara con justicia, y pagara a cada uno conforme a sus acciones perversas en contra de sus hijos.

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    6 分
  • 1 PEDRO 1. SER SANTOS
    2026/02/21

    1 PEDRO 1. SER SANTOS


    1 Pedro 1:14 Por lo tanto, vivan como hijos obedientes de Dios. No vuelvan atrás, a su vieja manera de vivir, con el fin de satisfacer sus propios deseos. Antes lo hacían por ignorancia, 15 pero ahora sean santos en todo lo que hagan, tal como Dios, quien los eligió, es santo. 16 Pues las Escrituras dicen: «Sean santos, porque yo soy santo. NTV.


    Tras la conversión a Cristo, los deseos de la vieja naturaleza de pecado no desaparecen de la noche a la mañana de la vida del nuevo redimido. Esos deseos perversos, permanecen y están latentes, esperando el momento oportuno para manifestarse. La única manera de que el creyente no ceda a los impulsos de su vieja naturaleza, es permaneciendo en una estrecha comunión con Dios, mediante la oración y el estudio de las Sagradas Escrituras. Solo de esta manera, el creyente podrá llevar una vida bajo la voluntad de Dios, apartado del pecado y los placeres que le ofrece este mundo.


    Los redimidos por la preciosa sangre de Jesucristo, tienen que reflejar la santidad de Dios Padre en cada cosa que piensen, digan o hagan. A diferencia de los dioses romanos o otros dioses del mundo antiguo, el único Dios verdadero, Yahvé, no es belicoso, adúltero ni rencoroso. De la misma manera, a diferencia de los dioses populares de los cultos paganos en el primer siglo, Yahvé no es sanguinario ni promiscuo. Yahvé es un Dios de misericordia y justicia que cuida personalmente de cada uno de sus discípulos. El amoroso Padre eterno espera que todos sus hijos lo imiten, y sean santos tal como lo es Él.


    Ser santo, implica que los creyentes deben mantenerse siempre devotos o dedicados a Dios, separados para su uso especial, apartados del pecado y de su influencia de este mundo, practicando la verdad, la justicia, la bondad, el amor y la misericordia. Es importante que los hijos de Dios se mantengan apartados de la maldad de este mundo y ser diferentes a las personas que todavía no reconocen el Señorío de Jesucristo en sus vidas. Deben apartarse de sus prácticas y sus costumbres pecaminosas, ya que, ya no pertenecen a este mundo, sino que pertenecen al reino de los cielos.


    Los creyentes no deben ser diferentes solo por el hecho de serlo. Lo que los hace diferentes son las virtudes de Dios aplicadas a sus vidas. Sus prioridades deben ser las de su amado Padre eterno que está en el reino de los cielos. Esta nueva manera de vivir del creyente, contrasta en gran manera a su antigua vida sin Jesucristo. Jamás los redimidos llegaran a ser santos por sus propios esfuerzos, por eso, Dios en su infinito amor y misericordia les da su Espíritu Santo para ayudarnos a ser obedientes y les da poder para vencer el pecado.


    De ninguna manera el creyente debe escusarse diciendo que no puede evitar cometer pecado, pues si puede evitarlo, ya que está dotado del poder de Dios para poder vencer las tentaciones que le envíe el maligno a su vida. Además, el creyente tiene la ayuda del Espíritu Santo que mora en su interior desde su conversión. Por eso, no caben excusas delante de Dios. Si el creyente peca, es porque no está en una estrecha comunión con Dios Padre, y su vida no refleja la santidad que demanda de todos sus hijos.

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