En este Día de la Madre, quiero abrir mi corazón para hablar de las dos mujeres que no solo me criaron, sino que me salvaron. Siempre digo que "ellas no me trajeron al mundo, pero sí me la devolvieron".
Todo lo que soy, mis valores, mi educación y la integridad que defiendo en cada batalla profesional, se lo debo a mis abuelas-madres.
Dos mujeres, un solo destino
En la imagen, veis a mi abuela paterna, Elisa Emilia. Aunque la foto es de un viaje por Suiza debido a los compromisos diplomáticos de mi abuelo, ella era una madrileña de pura cepa, nacida en la Plaza de Santa Cruz. De ella aprendí la elegancia ante la adversidad y la visión de un mundo sin fronteras.
A la derecha, mi tata abuela María, nuestra "Mariquilla". Ella representaba la fuerza de la tierra, de El Puente del Arzobispo y Azután. De ella heredé la constancia, el trabajo duro y esa sabiduría que solo se encuentra en nuestras raíces entre Toledo y Extremadura.
Un legado eterno
A menudo hablamos de talento senior, pero el verdadero talento empieza aquí: en los valores que se heredan. Ellas me enseñaron que la educación es el arma más poderosa y que el agradecimiento es la memoria del corazón.
Quiero desear un feliz día a todas las madres y a todas esas abuelas-madres. A las que están hoy con nosotros y a las que, como las mías, nos cuidan ya desde el cielo.
Gracias, María (Mariquilla). Gracias, Elisa Emilia. Estoy y estaré eternamente agradecida de por vida. Vuestro ejemplo es el motor de mi lucha por un mundo más humano.
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